Historia
A Malalcahuello llegamos despues de un llargo viaje en bicicleta que comenzó en Vancouver, Canadá en 1995 y terminó en Tierra del Fuego en 1997.
Después de esto decidieron enfrentar un nuevo desafío en Chile, estableciéndose en la zona de Malalcahuello en la comuna de Curacautín, para comenzar a construir con sus propias manos lo que en un plazo de 5 años se convertiría en La Suizandina, un emprendimiento familiar con una oferta turística completa para satisfacer a huéspedes exigentes.
Sin embargo, al comienzo, en el año 1998, después de haber comprado el terreno, no habia planes concretos. En esos tiempos el turismo en el valle no era una actividad generalizada y mucho menos prometedora. La idea de ofrecer alojamiento y comida surgió casi espontáneamente.
En la primera etapa, comprendida entre 1999 y el año 2000 se ocuparon básicamente en la remodelación de la antigua casa y de las primeras habitaciones. En el lugar no había electricidad ni agua potable. Encontrarla y lograr un sistema funcional fue un gran desafío para ellos, ya que tuvieron que aprender sobre la marcha, con más entusiasmo, que conocimientos.
De cualquier forma el empuje hizo que después de dos años terminaran el restaurante, en 2001 las habitaciones de la casa principal, para poder recibir a los primeros viajeros.
Tanto la demanda de los clientes, como su sentido autocrítico los hicieron considerar un mejoramiento en las instalaciones. Se necesitaba más espacio en la cocina y los fumadores sufrían al tener que salir al jardín. Por esto, en el invierno de 2002 se construyó la segunda etapa que consideró el sótano, la cava, la nueva cocina y la tan esperada sala de exfumadores.
Durante todo este tiempo, la familia Buschor también creció y el departamento sobre el restaurante se hizo chico, por lo que en 2003 Tom cumplió sus deseos y construyó la casa familiar. Esta fue una tarea titánica, ya que debían lograr una buena aislación del frío y del viento. Para tal efecto, las paredes fueron construidas de fardos de paja y el techo de pasto. El detalle es que en verano no tuvieron tiempo de levantar su casa y fue necesario que Tom lo hiciera en invierno, luchando constantemente para que los fardos no se mojaran.
En el invierno de 2004 se terminó la Casa de Huéspedes Brunner, que Tom construyó con paneles prefabricados. Gracias a la experiencia que dan 6 años de desarmar y construir, este proyecto fue realidad en sólo 5 meses, permitiendo que los viajeros de presupuestos reducidos y aquellos que quisieran preparar su propia comida, fueran ahora bienvenidos. Asimismo, las familias numerosas y con niños también pueden disfrutar de esta acogedora casa.
En estos días la etapa de construcción se ha detenido. Hoy, Tom esta dedicado a afinar todos los detalles que le permite ofrecer un servicio a la altura de sus expectativas y de las de sus huéspedes. De cualquier forma, esto no significa que La Suizandina no seguirá creciendo, muy por el contrario continúara lleno de nuevas ideas y proyectos.










